"La noche es tiempo de salvación...
Abrahám contaba tribus de estrellas cada noche,
de noche prolongabas la voz de la promesa."
De la liturgia de las horas. Este texto "la liturgia de las horas" es uno que usamos a diario y que aprecio inclusive en sentido "artístico". Tiene unas repeticiones de frases al iniciar y terminar lecturas, salmos y cánticos (propios en este oficio) que en muchas ocasiones me quedan resonando, esta es una de aquellas frases.
Eso sí no me pregunten una manera técnica de usar el libro, aun lo considero "difícil de explicar" pero he aprendido su manejo por la rutina. Si les interesa de qué canto es me preguntan y se los daré en la siguiente ocasión, pues la tengo señalada.
Sobre "Cartas del Diablo a su Sobrino" de C.S. Lewis. Me gusta mucho el libro, he tenido tiempo de leerlo en los viajes al apostolado o en las salidas comunitarias. Esta semana tuvimos una por el día del trabajo y aproveché para leer más de lo que usualmente alcanzo.
Les cito un fragmento de una carta para que más o menos se hagan una idea del tono (y profundidad me atrevo a decir) del libro. Ah, pero antes les copio la reseña de la tapa trasera para que se hagan una idea (me parece que está bastante clara):
"Cartas del Diablo a su Sobrino", una de las obras más famosas de C.S. Lewis, está compuesta por las misivas de Escrutopo, demonio tentador con rango de "secretario", dirigidas a Orugario, su inexperto sobrino, quien tiene como misión conseguir la condenación eterna de su "paciente", un joven inglés residente en Londres, durante la Primera Guerra Mundial.
A través de la mente perversa de Escrutopo conocemos las tácticas de Orugario para corromper a su víctima, sus éxitos y sus fracasos, mientras el suspenso se mantiene hasta el final..."
Ahora sí el fragmento de una de las cartas:
"...
Como debieras saber, la nube asfixiante que te impidió atacar al paciente durante el paseo de regreso del viejo molino es un fenómeno muy conocido. Es el arma más brutal del Enemigo, y generalmente, aparece cuando El se hace directamente presente al paciente, bajo ciertas formas aún no clasificadas. Algunos humanos están permanentemente envueltos en ella, y nos resultan, por tanto, totalmente inaccesibles.
Y ahora veamos tus errores. En primer lugar según tú mismo dices, permitiste que tu paciente leyera un libro del que realmente disfrutaba, no para que hiciese comentarios ingeniosos a costa de él ante sus nuevos amigos, sino meramente porque disfrutaba de ese libro. En segundo lugar, le permitiste andar hasta el viejo molino y tomar allí el té: un paseo por un campo que realmente le gusta y encima a solas. En otras palabras: le permitiste dos auténticos placeres positivos. ¿Fuiste tan ignorante que no viste el peligro que entrañaba todo esto? Lo característico de las penas y de los placeres es que son inequívocamente reales y, en consecuencia, mientras duran, le proporcionan al hombre un patrón de la realidad. Así, si tratases de condenar a tu hombre por el método romántico -haciendo de él una especie de Childe Harold o Werther, autocomplaciéndose de penas imaginarias-, tratarías de protegerle, a cualquier precio, de cualquier dolor real; porque naturalmente, cinco minutos de auténtico dolor de muelas revelarían la tontería que eran sus sufrimientos románticos y desenmascararían toda tu estratagema. Pero estabas intentando hacer que tu paciente se condenase por el Mundo, esto es, haciéndole aceptar como placeres la vanidad, el ajetreo, la ironía y el tedio costoso. ¿Cómo puedes no haberte dado cuenta que un placer REAL era lo último que debías permitirle? ¿No previstee que, por contraste, acabaría con todos los oropeles que tran trabajosamente le has estado enseñando a apreciar? Y que el tipo de placer que le dieron el libro y el paseo es el más peligroso de todos? ¿Que le arrancaría la especie de costra que has ido formando sobre su sensibilidad, y le haría sentir que está regresando a su hogar, recobrándose a sí mismo? Como un paso previo para separarle del Enemigo, querías apartarle de sí mismo, y habías hecho algunos progresos en esa dirección. Ahora, todo está perdido.
Sé, naturalmente, que el Enemigo también quiere apartar de sí mismos a los hombres, pero en otro sentido. Recuerda siempre que a El le gustan realmente esos gusanillos, y que da un absurdo valor a la individualidad de cada uno de ellos. Cuando El habla de que pierdan su "yo". Se refiere tan sólo a que abandonen el clamor de su propia voluntad. Una vez hecho esto, El les devuelve realmente toda su personalidad, y pretende (me temo que sinceramente) que, cuando sean completamente Suyos, serán más "ellos mismos" que nunca. Por tanto, mientras Le encanta ver que sacrifican a su voluntad hasta sus deseos más inocentes, detesta ver que se alejen de su propio carácter por cualquier otra razón. Y nosotros debenmos inducirles siempre a que hagan ESO. Los gustos y las inclinaciones más profundas de un hombre constituyen la materia prima, el punto de partida que el Enemigo le ha proporcionado. Alejar al hombre de ese punto de partida es siempre, pues un tanto a nuestro favor; incluso en cuestiones indiferentes, siempre es conveniente sustituir los gustos y las aversiones auténticas de un humano por los patrones mundanos, o la convención, o la moda. Yo llevaría esto muy lejos: haría una norma erradicar de mi paciente cualquier gusto personal intenso que no constituya realmente un pecado, incluso si es algo tan completamente trivial como la afición al cricket, o a coleccionar sellos, o a beber batidos de cacao. Estas cosas, te lo aseguro, de virtudes no tienen nada; pero hay en ellas una especie de inocencia, de humildad, de olvido de uno mismo, que me hacen desconfiar de ellas; el hombre que verdadera y desinteresadamente disfruta de algo, por ellos mismo, y sin importarle un comino lo que digan los demás, está protegido, por eso mismo, contra algunos de nuestros métodos de ataque más sutiles. Debes tratar de hacer siempre que el paciente abandone la gente, la comida o los libros que le gustan de verdad, y que los sustituya por la "mejor" gente, la comida "adecuada" o los libros "importantes"..."
Continúa (y sumamente interensante) pero se me acaba el tiempo.
Como plus: Los nombres de los personajes tienen una explicación, así como algunas ideas del autor sobre asuntos religiosos (C.S. Lewis no era cristiano y se convirtió). Encontré una cita muy buena de él en el libro de Martin Gardner (que en algunas ocasiones les comenté:"Los porqués de un escriba filósofo"), respecto a "La caída de Lúcifer". Aunque no me gustó Narnia, al menos "El León, la Bruja y el Armario" (versión libro, la película es tema aparte), debo decir que la cita de su versión de "la Caída" es atrapante (hablando en el plano literario).
*La editorial en que lo encontré es "vieja", se llama Editorial Andrés Bello, la edición es del año 1995 :s. El título en inglés es "The Screwtape Letters". Ignoro si en la actualidad estará en librerías. Totalmente recomendado.
Abrahám contaba tribus de estrellas cada noche,
de noche prolongabas la voz de la promesa."
De la liturgia de las horas. Este texto "la liturgia de las horas" es uno que usamos a diario y que aprecio inclusive en sentido "artístico". Tiene unas repeticiones de frases al iniciar y terminar lecturas, salmos y cánticos (propios en este oficio) que en muchas ocasiones me quedan resonando, esta es una de aquellas frases.
Eso sí no me pregunten una manera técnica de usar el libro, aun lo considero "difícil de explicar" pero he aprendido su manejo por la rutina. Si les interesa de qué canto es me preguntan y se los daré en la siguiente ocasión, pues la tengo señalada.
Sobre "Cartas del Diablo a su Sobrino" de C.S. Lewis. Me gusta mucho el libro, he tenido tiempo de leerlo en los viajes al apostolado o en las salidas comunitarias. Esta semana tuvimos una por el día del trabajo y aproveché para leer más de lo que usualmente alcanzo.
Les cito un fragmento de una carta para que más o menos se hagan una idea del tono (y profundidad me atrevo a decir) del libro. Ah, pero antes les copio la reseña de la tapa trasera para que se hagan una idea (me parece que está bastante clara):
"Cartas del Diablo a su Sobrino", una de las obras más famosas de C.S. Lewis, está compuesta por las misivas de Escrutopo, demonio tentador con rango de "secretario", dirigidas a Orugario, su inexperto sobrino, quien tiene como misión conseguir la condenación eterna de su "paciente", un joven inglés residente en Londres, durante la Primera Guerra Mundial.
A través de la mente perversa de Escrutopo conocemos las tácticas de Orugario para corromper a su víctima, sus éxitos y sus fracasos, mientras el suspenso se mantiene hasta el final..."
Ahora sí el fragmento de una de las cartas:
"...
Como debieras saber, la nube asfixiante que te impidió atacar al paciente durante el paseo de regreso del viejo molino es un fenómeno muy conocido. Es el arma más brutal del Enemigo, y generalmente, aparece cuando El se hace directamente presente al paciente, bajo ciertas formas aún no clasificadas. Algunos humanos están permanentemente envueltos en ella, y nos resultan, por tanto, totalmente inaccesibles.
Y ahora veamos tus errores. En primer lugar según tú mismo dices, permitiste que tu paciente leyera un libro del que realmente disfrutaba, no para que hiciese comentarios ingeniosos a costa de él ante sus nuevos amigos, sino meramente porque disfrutaba de ese libro. En segundo lugar, le permitiste andar hasta el viejo molino y tomar allí el té: un paseo por un campo que realmente le gusta y encima a solas. En otras palabras: le permitiste dos auténticos placeres positivos. ¿Fuiste tan ignorante que no viste el peligro que entrañaba todo esto? Lo característico de las penas y de los placeres es que son inequívocamente reales y, en consecuencia, mientras duran, le proporcionan al hombre un patrón de la realidad. Así, si tratases de condenar a tu hombre por el método romántico -haciendo de él una especie de Childe Harold o Werther, autocomplaciéndose de penas imaginarias-, tratarías de protegerle, a cualquier precio, de cualquier dolor real; porque naturalmente, cinco minutos de auténtico dolor de muelas revelarían la tontería que eran sus sufrimientos románticos y desenmascararían toda tu estratagema. Pero estabas intentando hacer que tu paciente se condenase por el Mundo, esto es, haciéndole aceptar como placeres la vanidad, el ajetreo, la ironía y el tedio costoso. ¿Cómo puedes no haberte dado cuenta que un placer REAL era lo último que debías permitirle? ¿No previstee que, por contraste, acabaría con todos los oropeles que tran trabajosamente le has estado enseñando a apreciar? Y que el tipo de placer que le dieron el libro y el paseo es el más peligroso de todos? ¿Que le arrancaría la especie de costra que has ido formando sobre su sensibilidad, y le haría sentir que está regresando a su hogar, recobrándose a sí mismo? Como un paso previo para separarle del Enemigo, querías apartarle de sí mismo, y habías hecho algunos progresos en esa dirección. Ahora, todo está perdido.
Sé, naturalmente, que el Enemigo también quiere apartar de sí mismos a los hombres, pero en otro sentido. Recuerda siempre que a El le gustan realmente esos gusanillos, y que da un absurdo valor a la individualidad de cada uno de ellos. Cuando El habla de que pierdan su "yo". Se refiere tan sólo a que abandonen el clamor de su propia voluntad. Una vez hecho esto, El les devuelve realmente toda su personalidad, y pretende (me temo que sinceramente) que, cuando sean completamente Suyos, serán más "ellos mismos" que nunca. Por tanto, mientras Le encanta ver que sacrifican a su voluntad hasta sus deseos más inocentes, detesta ver que se alejen de su propio carácter por cualquier otra razón. Y nosotros debenmos inducirles siempre a que hagan ESO. Los gustos y las inclinaciones más profundas de un hombre constituyen la materia prima, el punto de partida que el Enemigo le ha proporcionado. Alejar al hombre de ese punto de partida es siempre, pues un tanto a nuestro favor; incluso en cuestiones indiferentes, siempre es conveniente sustituir los gustos y las aversiones auténticas de un humano por los patrones mundanos, o la convención, o la moda. Yo llevaría esto muy lejos: haría una norma erradicar de mi paciente cualquier gusto personal intenso que no constituya realmente un pecado, incluso si es algo tan completamente trivial como la afición al cricket, o a coleccionar sellos, o a beber batidos de cacao. Estas cosas, te lo aseguro, de virtudes no tienen nada; pero hay en ellas una especie de inocencia, de humildad, de olvido de uno mismo, que me hacen desconfiar de ellas; el hombre que verdadera y desinteresadamente disfruta de algo, por ellos mismo, y sin importarle un comino lo que digan los demás, está protegido, por eso mismo, contra algunos de nuestros métodos de ataque más sutiles. Debes tratar de hacer siempre que el paciente abandone la gente, la comida o los libros que le gustan de verdad, y que los sustituya por la "mejor" gente, la comida "adecuada" o los libros "importantes"..."
Continúa (y sumamente interensante) pero se me acaba el tiempo.
Como plus: Los nombres de los personajes tienen una explicación, así como algunas ideas del autor sobre asuntos religiosos (C.S. Lewis no era cristiano y se convirtió). Encontré una cita muy buena de él en el libro de Martin Gardner (que en algunas ocasiones les comenté:"Los porqués de un escriba filósofo"), respecto a "La caída de Lúcifer". Aunque no me gustó Narnia, al menos "El León, la Bruja y el Armario" (versión libro, la película es tema aparte), debo decir que la cita de su versión de "la Caída" es atrapante (hablando en el plano literario).
*La editorial en que lo encontré es "vieja", se llama Editorial Andrés Bello, la edición es del año 1995 :s. El título en inglés es "The Screwtape Letters". Ignoro si en la actualidad estará en librerías. Totalmente recomendado.
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